Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

UN LIBRO

De Novela de ajedrez de Stephen Zweig, p. 57

¡ Un LIBRO! Hacía cuatro meses que no tenía un libro en las manos y ahora, la sola idea de un libro con palabras alineadas, renglones, páginas y hojas, la sola idea de un libro en el que leer, perseguir y capturar pensamientos nuevos, frescos, diferentes de los míos, pensamientos para distraerse y para atesorarlos en mi cerebro, esa sola idea era capaz de embriagarme y también de serenarme. Mis ojos quedaron suspendidos de aquel bulto que formaba el libro en el bolsillo, corno hipnotizados, con una mirada tan ardiente corno si quisiera perforar el tejido. Finalmente no pude controlar mi avidez; involuntariamente me fui acercando. Sólo con pensar que podía tocar un libro con las manos, aunque fuera a través de la ropa del bolsillo, ya me ardían los dedos hasta la raíz de las uñas. Casi sin darme cuenta fui acercándome cada vez más. Por fortuna, el guardián no se dio cuenta de mi comportamiento, sin duda bastante extraño; quizás le parecía natural que una persona que había tenido que estar de pie durante dos horas quisiera apoyarse un poco en la pared. Ahora había llegado ya al lado mismo del capote y eché las manos a la espalda para poder palparlo sin llamar la atención. A través de la ropa conseguí percibir, en efecto, una cosa cuadrada, una cosa flexible y que crujía levemente: ¡un libro! y una idea me atravesó el cerebro como un relámpago: ¡Róbalo! ¡Tal vez lo consigas y puedas esconderlo en la celda y después leer, leer, leer

INCIPIT 35O. EL ULTIMO VIAJE DEL OMPHALOS / WILLY URIBE

Introducción
Un barco es una isla. Un barco anclado frente a una isla es un archipiélago y un barco abandonado a su suerte, una ratonera. Yo, Jaime Torres, jefe de máquinas del buque mercante Omphalos, me repetía eso mismo de modos diferentes. Era cuestión de adaptarse. Walter García abundaba en lo de las vacaciones pagadas, también en aquello de que toda isla es un universo en sí misma. Ramón Ríos, en cambio, decía que la situación era tan grave que no  comprendía aquellas malditas bromas repetidas mil veces.

Islas Bissagos. Guinea Bissau. Agosto de 1986. Permanecíamos fondeados a dos millas del puerto. Desde la isla, el barco se mostraba corno un guión sobre el horizonte; pequeño y compacto, formando parte de un texto enrevesado y absurdo; absurdo, que no pudiéramos romper la espiral que nos retenía; absurdo, esperar llamadas que no se producían. Los  primeros días, lo único que nos importaba era saber cuándo recibiríamos el permiso para levantar el ancla. Seis meses después, sólo tratábamos de salvar nuestras vidas. 

INCIPIT 349. EL LORO DE FLAUBERT / JULIAN BARNES

Seis norteamericanos jugaban a la petanca al pie de la estatua de Flaubert. Se oían limpios chasquidos por encima del estruendo de la circulación atascada. Con una final e irónica caricia de la yema de los dedos, una mano morena lanzó una esfera plateada que aterrizó, botó pesadamente, y trazó una curva acompañada de un lento esparcimiento de polvo duro. El lanzador se congeló en una elegante estatua temporal: las rodillas no desdobladas del todo, y la mano derecha extáticamente extendida. Me llamó la atención una arremangada camisa blanca, un antebrazo desnudo y una mancha en el envés de la muñeca. No era un reloj como pensé al principio, ni un tatuaje, sino una calcomanía de colores: el rostro de un santón político muy admirado en el desierto. Permítaseme que comience con la estatua: la de arriba, la permanente, la inelegante, la que llora lágrimas cúpricas, la imagen legada de ese hombre de suelta corbata de lazo, chaleco de ángulos rectos, pantalones holgados, mostacho  desordenado, y aspecto receloso, fríamente distante. Flaubert no devuelve la mirada. Desde la Place des Carmes vuelve la vista hacia el sur, en dirección a la Catedral, a la ciudad que  despreciaba, y que a su vez le ha ignorado casi siempre. Mantiene la cabeza defensivamente alzada: sólo las palomas pueden ver en toda su dimensión la calvicie del escritor.

RECUERDOS DEL IMPERIO ANTIGUO TARDIO

De La tablillas de boj de Apronenia Avitia, de Pascal Quignard, p. 68
 «¿Conoces a Quinto Alcimio?», preguntó ella, mirándome a los ojos. Yo me turbé. «¡Se la chupé durante tres cosechas y tú me ofreces vino de Baia!», gritó. «¡Di que me traigan Massica!» Ordené que le trajeran lo que pedía. Ella soltó un rosario de nombres de gente ya muerta. La cogí del brazo y le pedí que caminásemos un poco por el parque. Accedió. Había amado a Quinto en los años en que Flavio Afranio Siagrio era prefecto de la Ciudad y compañero de Antonio. Exhalaba un fuerte hedor. Se rascó el vientre, abrió las piernas y orinó ruidosamente. Estaba un poco embriagada. Nos acercamos al estanque. Los patos se deslizaban en silencio por las manchas de luz del alba. Ella se sentó en el banco de piedra, golpeándose con vigor los anchos muslos.
-Me llamo Lalage Asdiga -dijo-. El mar devora las costas y forma bahías. Tengo la boca y el trasero de una trucha. He sido hermosa. El tiempo es un dios de agua, de acantilados que se desmoronan, de arena. Todo nos surca, todo nos derrumba en la muerte. Hace mucho tiempo que las frutas dispuestas en la cesta perdieron su frescor y fui repudiada. Amaba a Quinto y a veces, en mis sueños, aún siento deseo por él.

Su voz era dulce, y su acento tenía una asombrosa pureza. Se levantó y me cogió del brazo. Regresamos al palacio. «¡He depilado el culo de tus amantes y me das olivas!», gritó cuando llegamos a donde las criadas podían oírnos. Ordené que le preparasen una cesta de carnes elegidas con cuidado y dulces almibarados. 

INCIPIT 348. LA CASA DE HOJAS

I saw a film today, oh boy ...
The Beatles
Aunque entusiastas y detractores seguirán vaciando diccionarios enteros en sus intentos de describirla o de ridiculizarla, "autenticidad" sigue siendo la palabra con mayor potencial para suscitar debate. De hecho, esa obsesión central –validar o invalidar los rollos de película y las cintas-- hace emerger de forma invariable una preocupación colateral y más general: la cuestión de si, con la llegada de la tecnología digital, la imagen ha perdido o no su otrora irrefutable posesión de la verdad. En su mayoría, los escépticos afirman que todo el asunto es un fraude, aunque admiten a regañadientes que El expediente Navidson es un fraude de calidad excepcional. Por desgracia, muchos de los que aceptan su validez también son incondicionales de los avistamientos de OVNIs que aparecen en la prensa sensacionalista. Está claro que no es fácil mantener la credibilidad si justo después de dar fe de la veracidad de la película, el discurso lleva inmediatamente a por qué Elvis sigue vivo y probablemente pasa los inviernos en los Cayos de Florida.' Una cosa sigue resultando evidente: cualquier controversia acerca de las filmaciones que hizo Billy Meyer de platillos volantes' ha sido reemplazada por la casa de Ash Tree Lane.
Aunque muchos continúan dedicando un tiempo y una energía importantes a antinomias tales como hechos o ficción, representación o artificio, documento o broma, en los últimos tiempos el material más interesante que se ha publicado trata exclusivamente de la interpretación de los acontecimientos internos de la película. Esta dirección parece más prometedora, por mucho que la casa en sí, igual que el coloso de Melville, continúe resistiéndose a toda interpretación.

De forma más o menos similar al tema que trata, la entidad de El expediente Navidson como historia también es de difícil clasificación, ya sea por medio de categorías o de  interpretaciones. Por mucho que finalmente se catalogue como cuento gótico, mito urbano contemporáneo o simplemente historia de fantasmas, tal como lo han llamado algunos, tarde o temprano el documental volverá a rebasar los límites de cualquiera de esos géneros. El expediente Navidson tiene demasiados elementos que saltan esas fronteras. Allá donde uno espera el terror, lo sobrenatural o los paroxismos tradicionales del miedo y el temor, lo que descubrirá será una tristeza inquietante, una secuencia sobre los isótopos radiactivos o incluso las risas que provoca un episodio de Los Simpson.

SOBRE EL ARTE DE CITAR

De Fuera de aquí, de Enrique Vila-Matas
Pienso con Fernando Savater que las personas que no comprenden el encanto de las citas suelen ser las mismas que no entienden lo justo, equitativo y necesario de la originalidad. Porque donde se puede y se debe ser verdaderamente original es al citar. Por eso algunos de los escritores más auténticamente originales del siglo pasado, como Walter 8enjamm o Norman 0 , Brown, se propusieron (y el segundo llevó en Love’ss Body su proyecto a cabo) libros que no estuvieran compuestos más que de citas, es decir, que fuesen realmente originales ...

Y también creo con Savater que los maniáticos anticitas están abocados a los destinos menos deseables para un escritor,  el casticismo y la ocurrencia, es decir,  las dos peores variantes del tópico:  citar es respirar literatura para no ahogarse entre los tópicos castizos y ocurrentes que .se le vienen a uno a la pluma cuando nos empeñamos en esa vulgaridad suprema de no deberle nada a nadie. En el fondo, quien no cita no hace más que repetir pero sin saberlo ni elegirlo.

BENETIANA

De Jaime Salinas; el oficio de editor, una conversación con Juan Cruz, p.76
Hombre, yo he sido muy amigo de ciertos escritores. Dos de mis mejores amigos eran escritores: Benet y Juan García Hortelano. Que les hiciera un favor es distinto. En otras manos probablemente les habrían ido mejor las cosas. En el caso de estos dos, como tú  comprenderás, no se discutía la publicación de sus libros. Que yo los leyera o no era asunto mío y generalmente no lo hacía, muchas veces ni siquiera después. Ser amigos no significa que siempre me gustaran como escritores. Me gustaban como amigos. Lo que más me importaba era que ellos les interesaran a los lectores. Entonces se publicaba poca literatura de autores españoles. Se hacían aquellas presentaciones de los años setenta, en Bocaccio, bastante camelísticas, con las que yo más o menos quise acabar, por lo que García Hortelano y Benet llegaron a quejarse muchísimo. Decían: .Las presentaciones de tito Jaime (me llamaban así) son aburridísimas. Te sueltan un rollo tremendo y luego no te dan de beber». Pero, en fin, se trataba de hacer publicidad indirecta, aunque nos topábamos siempre con el mismo problema, y es que a los señores de Itaca y a los que había antes de ellos (hablo de una distribuidora que seguramente no tiene nada que ver con la de ahora) resultaba imposible convencerlos de que tenían que colocar los Benet o los Hortelano en las librerías.
CRUZ
¿Era divertido editar?
SALINAS

En ciertos momentos lo he pasado estupendamente. Probablemente donde más me divertí fue en Alfaguara 

INCIPIT 347. CORAZONES EN LA ATLANTIDA / STEPHEN KING

UN NIÑO Y SU MADRE. EL CUMPLEAÑ'OS DE BOBBY. EL NUEVO INQUILINO. DEL TIEMPO Y LOS DESCONOCIDOS.

El padre de Bobby Gadield era uno de esos hombres que empiezan a perder el pelo poco después de los veinte y están totalmente calvos hacia los cuarenta y cinco. Randall Gadield se libró de ese destino muriendo de un infarto a los treinta y seis. Era agente inmobiliario y, cuando exhaló el último suspiro, yacía en el suelo de la cocina de una casa ajena. En el instante en que el padre de Bobby expiró, el potencial comprador de la vivienda se hallaba en la sala de estar, intentando avisar a una ambulancia a través de un teléfono desconectado. Por entonces Bobby contaba tres años de edad. Guardaba vagos recuerdos de un hombre haciéndole cosquillas y besándole las mejillas y la frente. Tenía la casi absoluta certeza de que ese hombre era su padre. AÑORADO CON TRISTEZA, rezaba en la lápida de Randall Garfield; pero la verdad era que su madre no parecía muy triste, y en cuanto a Bobby ... en fin, ¿quién podía añorar a alguien al que apenas recordaba? Ocho años después de la muerte de su padre, Bobby se  enamoró con locura de una Schwinn de veintiséis pulgadas que vio en el escaparate de la ferretería Western Auto. Lanzó a su madre toda clase de indirectas sobre la Schwinn y,   finalmente, una noche, se la señaló cuando volvían del cine (habían visto Tbe Dark at tbe Tap af tbe Stints, que Bobby no entendió pero disfrutó igualmente, sobre todo la escena en que Dorothy McGuire se dejaba caer en un sillón y enseñaba SUS largas piernas). Al pasar frente a la ferretería, Bobby, como quien no quiere la cosa, mencionó que la bicicleta sería un  estupendo regalo para algún niño afortunado en su undécimo aniversario.

SOBRE LA NATURALEZA HUMANA

De La infancia de Jesús de JM Coetzee, p. 56-57
-¿Qué es la naturaleza humana?

-Es la forma en que estamos hechas las personas, tú, yo, Álvaro, el señor Daga y todo el mundo. Es cómo somos cuando nacemos. Es lo que todos tenemos en común. A todos nos gusta creer que somos especiales. Pero, hablando estrictamente, eso es imposible. Si todos fuésemos especiales, no habría nadie especial. Y aun así continuamos creyendo en nosotros   mismos. Bajamos a la bodega de! barco, entre el polvo y el calor, nos echamos sacos a la espalda y los sacamos a la luz, vemos a nuestros amigos esforzarse como nosotros, hacer exactamente el mismo trabajo, no tiene nada de especial, y nos sentimos orgullosos de ellos y de nosotros, compañeros trabajando por un objetivo común; sin embargo, en un pequeño rincón de nuestro corazón, que no dejamos ver a nadie, cada cual susurra para sus adentros: .Aun así, aun así eres especial, ¡ya lo verás! Un día, cuando menos te lo esperes, sonará e! silbato de Álvaro y nos pedirán que nos reunamos en el muelle, donde  estará esperando una multitud y un hombre con un traje negro y sombrero de copa; y el hombre del traje negro  pedirá que te adelantes y dirá "Contemplad a este obrero singular, con e! que estamos tan satisfechos", y te estrechará la mano y te prenderá una medalla en la pechera: "Por Servicios Más Allá del Deber", dirá la medalla ... y todos te aplaudirán y vitorearán”. Tener sueños así es parte de la naturaleza humana, aunque lo más inteligente es acallarlos. Como todos nosotros, el señor Daga se creía especial; pero no se lo calló. Quería destacar. Quería nuestro reconocimiento. -Se interrumpe. En el rostro del niño no hay el menor indicio de que haya entendido una sola palabra. ¿Tiene uno de sus días tontos o solo está siendo obcecado?-. El señor Daga quería que lo alabaran y le diesen una medalla -continúa-o Cuando no le dimos la medalla con la que soñaba, cogió e! dinero. Se llevó el dinero que creía merecer. Y ya está.

IDEAS DE PAUL

De  Informe de interior, de Paul Auster, p.203 
El escepticismo conduce a la exaltación de métodos estrictamente objetivos para describir el universo, tales como la geometría y la lógica: piensa en Descartes, Spinoza, Leibniz, Kant. Una glorificación de la ciencia: lo que implica dualidades tales como sujeto/objeto,  forma/contenido, etc., que en sí carecen de existencia. Eso lleva a la disociación entre pensamiento y acto ... y por tanto en el mundo económico ... a la idea del obrero considerado como una máquina. El contrato de trabajo se ve reducido a un contrato de capital, en vez de a un contrato entre hombres, lo que efectivamente es. Eso ha ocurrido porque a la gente se la enseñaba (se la enseña) a pensar en términos de ideas abstractas. De manera que, por ejemplo, hoy, pueden Ilevarse a cabo estudios sociológicos perfectamente científicos para determinar la eficiencia de los obreros durante determinadas horas del día, etc. Eso es deshumanización, porque ahora no se tiene a un hombre para tantas horas, sino tantas horas de hombre: como si fuera una máquina. El mundo capitalista es un mundo de objetos, y no de personas.

INCIPIT 346. EL CHINO / HENNING MANKEL

 Skare, frío intenso. Mediados de invierno.
Uno de los prirneros días de enero de 2006, un lobo solitario cruza la frontera sin señalizar y llega a Suecia desde Noruega a través de Vauldalen. El conductor de un ciclomotor cree  haberlo avistado a las afueras de Fjallnas, pero e! lobo se esfuma por entre los bosques en dirección este sin que nadie logre ver hacia dónde se dirige. En medio de los valles noruegos de Osterdalarna, e! animal encontró restos de un cadáver de alce congelado donde aún quedaban huesos por apurar. Sin embargo, de eso hacía más de dos días. Ahora empieza a acusar e! hambre de nuevo y busca alimento.
Es un macho joven en busca de un territorio propio. Y continúa avanzando incansable hacia el este. Cerca de Navjarna, al norte de Linsell, el lobo encuentra otro cadáver de alce. Durante un día entero permanece  junto a él hasta saciar su hambre antes de proseguir. Siempre hacia e! este. En las inmediaciones de Karbole atraviesa a la carrera la helada superficie del Ljusnan y sigue el río en su accidentado discurrir hacia el mar. Una noche de luna clara, se mueve sobre sus mudas patas por el puente de Jarvso para adentrarse después en los espesos bosques que se extienden hacia el mar.

La mañana del 13 de enero, muy temprano, el lobo llega a Hesjovallen, un pequeño pueblo al sur de Hansesjon, en la región de Halsingland. Se detiene y olfatea. Percibe un olor a sangre de origen indeterminado. El lobo otea a su alrededor. En las casas vive gente, pero de las chimeneas no sale humo. Ni su aguzado oído siente sonido alguno. Sin embargo, ahí se percibe el olor a sangre, el lobo está seguro de ello. Aguarda en e! lindero de! bosque, intenta olfatear de dónde procede. Después comienza a correr despacio por la nieve. El olor llega  arrastrándose desde una de las casas que se alza en los confines del pueblecito. Está alerta, en las proximidades del hombre hay que ser tan cauto como paciente. Se detiene de nuevo. El olor procede de la parte posterior de la casa. El lobo aguarda. Finalmente se pone en movimiento

DESEO DE SER PIEL ROJA

De Informe de interior de Paul Auster, p. 63

El indio salvaje representaba todo lo que era sensual, liberador y sin trabas, era el id dando rienda suelta a sus libidinosos deseos en contraposición al superego de los vaqueros, los héroes de sombrero blanco, del opresivo mundo de incómodos zapatos, relojes despenadores y aulas sin ventilar, con demasiada calefacción. Tú no conocías a ningún indio, desde luego, no habías visto ninguno salvo en películas y fotografías, pero Kafka tampoco había puesto los ojos en ningún indio, lo que no le impidió escribir un relato de un solo párrafo titulado «El deseo de ser piel roja»: «Si se pudiera ser un indio, siempre alerta, y montado en un caballo veloz, encorvado contra el viento ... ", una sola frase, sin puntos, que capta plenamente el deseo de  desprenderse de las limitaciones, de dejarse ir, de escapar de las embrutecedoras  convenciones de la cultura occidental. Cuando estabas en tercero o cuarto de primaria, esto es lo que habías asimilado: los blancos que llegaron aquí en el decenio de 1620 eran tan poco numerosos que no tuvieron más remedio que hacer las paces con las tribus circundantes, pero una vez que aumentó su número, cuando la invasión de inmigrantes ingleses empezó a crecer,   y luego siguió creciendo, la situación se invirtió. y poco a poco se fue expulsando, despojando, masacrando a los indios.

INCIPIT 345. INFORME DE INTERIOR / PAUL AUSTER

Al principio todo estaba vivo. Los objetos más pequeños estaban dotados de corazones palpitantes, y hasta las nubes tenían nombre. Las tijeras caminaban, teléfonos y cafeteras eran primos hermanos; ojos y gafas, hermanos. El reloj tenía cara humana, cada guisante de tu plato poseía una personalidad diferente, y en la paree delantera del coche de tus padres la rejilla era una boca sonriente con numerosas piezas dentales. Los lápices eran dirigibles; las monedas, platillos volantes. Las ramas de los árboles eran brazos. Las piedras podían pensar, y Dios estaba en todas partes.

No era difícil creer que el hombre de la luna era un hombre de verdad. Veías cómo te miraba por la noche desde el cielo, y no cabía duda de que era la cara de un hombre. Poco importaba que aquel ser no tuviera cuerpo: en lo que a ti se refería seguía siendo un hombre a pesar de todo, y la posibilidad de que existiera una contradicción en todo aquello no se te pasó una sola vez por la cabeza. Al mismo tiempo, era perfectamente verosímil que una vaca fuese capaz de saltar sobre la luna. Y que un plato saliera corriendo con una cuchara.

IDEA

Pero Auster, Coetzee y McCarthy han perdido le ton

INCIPIT 344. OPERACION DULCE / IAN McEWAN

1

Me llamo Serena Frome (rima con plume) y hace casi cuarenta años me encomendaron una misión secreta del Servicio de Seguridad británico. No salí indemne. Me despidieron dieciocho meses después de mi ingreso, tras haberme deshonrado yo y haber arruinado a mi amante, aunque sin duda él colaboró en su perdición. No me alargaré mucho hablando de mi infancia y adolescencia. Soy hija de un obispo anglicano y crecí con mi hermana en el recinto catedralicio de una encantadora ciudad provinciana del este de Inglaterra. Mi hogar era agradable, pulcro, ordenado, lleno de libros. Mis padres se llevaban bastante bien y me querían, y yo les quería. Mi hermana Lucy y yo nos llevábamos un año, pero nuestras estridentes peleas adolescentes no dejaron una huella duradera y nuestra relación de adultas se volvió más estrecha. La fe de nuestro padre en Dios era muda y razonable, no se inmiscuyó mucho en nuestra vida y a él le bastó para escalar sin percances la jerarquía 

EXPAÑA

Resumen de Una vida absolutamente maravillosa, de Vila-Matas

Un país que dilapidó el tiempo del esplendor amasando infortunios. Un país de tertulias. Un país fuera del tiempo. Con verdaderas masas de fumadores llenando las terrazas de invierno, esperando a los chinos. No supimos ser prósperos y ahora cualquiera endereza el entuerto. Un país de vociferantes en podios de cáscaras de gambas. Lo único bueno es que ya podemos  irnos de puente eterno. Ha terminado ocurriéndonos lo que Michon dice que le pasó a  Rimbaud: murió de la misma mano de aquellos cuyo trabajo lo enriquecían; se habia enriquecido con una muerte suntuosa, sangrienta romo la de un rey al que inmolan sus súbditos; sólo fue rico en oro, y de eso murió. 

LA HERENCIA RECIBIDA POR BORGES

De El señor Borges, p.88-89
Las amenazas
Un día la señora Leonor y el señor Borges llegaron a la casa muy exaltados. Ella lo había ido a buscar a la Biblioteca Nacional-por ese entonces su hijo era director- que quedaba en la calle  México. Sucedió que al salir y cuando apenas habían caminado pocos metros una  manifestación que pasaba por el lugar empezó a increpar al señor Borges y a hostilizarlo. Doña Leonor trató de disuadir a los manifestantes, que cada vez se enardecían más y amenazaban con pasar de las palabras a los hechos. El señor Borges, lejos de sentir temor ante semejante situación, comenzó a defenderse con el bastón, moviéndolo de un lado a otro, lo que hizo retroceder a los manifestantes. Luego la señora logró disuadirlos, explicándoles que se trataba de un hombre viejo y ciego. El señor Borges era un hombre valiente y su madre también.

En otra ocasión la llamaron por teléfono en forma reiterada para amenazarlos de muerte. Doña Leonor no sentía temor por ello y mantenía fuertes disputas con quienes llamaban. Muy suelta de cuerpo escuché decirles a estos interlocutores: "Si me quieren matar apúrense, soy una mujer vieja y me puedo morir en cualquier momento. En cuanto a mi hijo es un hombre ciego que sale todos los días a la misma hora para ir a la Biblioteca Nacional en México y Perú”

INCIPIT 343 FUERA DE AQUI / ENRIQUE VILA-MATAS

1
Infancia sin verde paraíso
Creo que, aunque tu obra está escrita bajo el signo de la infancia, hablas muy poco de ella. ¿Es así?
No encuentro nada en la infancia, fue feliz. Y eso fue todo. No tengo mucho que ver con ese tipo de escritores que organizan todo su mundo de creación en torno a esos primeros afias de su vida, en torno a ese periodo de pantalón cono, periodo de exagerado prestigio, esos días en los que el tópico más redomado dice que son vitales para nuestra creatividad futura, cosa que yo no creo. En realidad, hasta los diecinueve años no empezaron a pasarme cosas. Mientras estuve bajo la protección familiar -una protección paterna, por cieno, muy poderosa-, no me ocurrió nada, y sólo cuando comencé a estar expuesto a una cierra intemperie me empezaron a suceder historias, sucesos, hechos más o menos raros. Vi mundo. O eso al menos fue lo que me pareció: que empezaba a ver mundo.
Y de la juventud, hablas aún menos, ¿o me equivoco?

Bueno, creo que he hablado mucho de mi juventud y, además, con notable ironía en París no se acaba nunca, por ejemplo. Pero también es verdad que no quise nunca permitirle a la infancia y a la juventud que capturaran en exceso mi mundo mental. Lo hice para así estar en condiciones de alcanzar mi edad adulta de escritor con mayor rapidez

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