Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

MIERDA Y AGUA

De Ventajas de viajar en tren de A Orejudo, p.136


Los cándidos humanistas han creído siempre que podíamos acceder al alma humana a través del trato cálido y la amable conversación entre personas, pero la verdadera esencia del hombre está en la mierda, en esa materia despreciable que creemos bajar por una mbería anónima y sumergirse con un ruido líquido en las aguas fecales de las alcantarillas. Si alguien se tomara la molestia de recoger y analizar nuestras defecaciones, se sorprendería de la abundante información que contienen. Mucha protección de datos; mucho discutir sobre si nos controlan o no cuando pagamos con tarjeta de crédito, o cuando usamos Internet, pero luego no nos importa suministrar despreocupadamente y con alivio cuando nos creemos a salvo de cualquier mirada y nos sentamos en nuestra íntima taza del váter los aspectos más ocultos de nuestra personalidad, de nuestros gustos y nuestro temperamento, de nuestros ciclos y nuestras crisis. Así es como abrimos nuestro corazón a los demás; no somos nada más que un puñado de mierda. Un puñado de mierda y ochenta por ciento de agua.

Helga sintió que se mareaba con las palabras de Martín y con los gases, sin duda tóxicos, que emanaban de las toneladas de basura allí almacenadas. Su agobio contrastaba con la jovialidad y el bienestar que parecía sentir Martín descubriendo su propia mierda.

INCIPIT 269. EL ABANICO DE LADY WINDERMERE / OSACR WILDE

ACTO PRIMERO


Pequeño salón de la casa de LORD WINDERMERE, en Carlton House Terrace. Dos puertas, una al fondo y otra a la derecha. Mesa escritorio con libros y papeles. Sofá y una mesita a la izquierda. A la izquierda también, una ventana que da a la terraza. A la derecha, una mesa.

LADY WINDERMERE, junto a dicha mesa, arregla unas rosas en un jarrón azul.

[Entra PARKER.]

PARKER. ¿Recibe Su señoría esta tarde?

LADY W. Sí... ¿Quién ha venido?

PARKER. Lord Darlington, señora.

LADY W. [Tras breve vacilación.] Hágale pasar... Y estoy en casa para todo el mundo.

PARKER. Bien, señora.

[Sale PARKER.]

LADY W. Es mejor que le vea antes de esta noche. Me alegro de que haya venido.

[Entra PARKER.]

PARKER. Lord Darlington.

[Entra LORD DARLINGTON y sale PARKER.]

LORD D. ¿Cómo está usted, lady Windermere?

LADY W. Muy bien; ¿y usted? No, no puedo darle la mano.

JAMESIANA

De El amante de Italia, de henry James, p.33
GIOTTO
Este artista, adentrándose en el énfasis a cualquier precio, golpea con fuerza, valga la expresión, en el núcleo de su idea -gracias a lo cual su concentración no ha sido jamás superada. En otras palabras, tiene, en la medida de sus posibilidades, un genio de suprema expresividad; consigue que la sola sombra de un propósito intencionado o una actitud representada sea tan inconfundible que sus figuras nos conmueven a veces como criaturas que encontramos repentinamente, demasiado alarmantes, demasiado amenazadoras. Exiguo, primitivo, sin desarrollar y, sin embargo, inconmensurablemente fuerte; llega a hacernos creer que, de haber vivido unos cuantos años más tarde, Miguel Ángel podría haber encontrado un rival. Y no es que sea dado a posturas complicadas o esfuerzos sobrehumanos. Ese algo raro que nos perturba y nos obsesiona en a sombra su obra brota, más bien, de una especie de familiaridad feroz.

BENETIANA

De Correspondencia, de JB y CMG, p. 93-94
Cuando se mete uno en el terreno del amor ¿en qué medida se puede mantener una conducta liberal? Yo voy creyendo cada día con más convicción que el amor no es un sentimiento más, que un día nace en el pecho de un hombre y Otro día se puede apagar. Yo voy creyendo que se trata de una concentración de sentimientos, ya conocidos y viejos como él, que andaban más o menos separados y dispares, cada uno de los cuales tenía un objeto distinto donde aplicarse: el amor —parece un tanto pueril y obvio decirlo— se traduce en que un mismo y único objeto concentra sobre sí todos los sentimientos. Antes para su sentimiento de curiosidad tenía los libros, para el cariño la madre o el perro, para su afán de diversión sexual la maítresse, para su envidia el dinero y para su amenidad el paseo por el campo. Y ahora resulta que toda su curiosidad, su cariño, su envidia, su ambición y su capacidad de goce se concentran sobre una mujer que desenfoca a todos los objetos que antes absorbían esa gama tan variada. De donde resulta que la atención del hombre queda absorbida por esa mujer; antes también la tenía absorbida pero diversificada. Y aquí entra de nuevo el principio de Lavoisier.

INCIPIT 268. ESTIO / EDITH WHARTON

Una muchacha salió de la casa del abogado Royall, al final de la única calle de North Dormer, y se detuvo en el escalón de la puerta.

Era el comienzo de una tarde de junio. El cielo transparente como un manantial bañaba con un sol plateado los tejados de las casas, los prados y los bosques de alerces circundantes. Un viento suave se movía entre las redondeadas nubes blancas sobre los contrafuertes de las colinas, llevando sus sombras a través de los campos y de la carretera cubierta de hierba que adquiere el nombre de calle al pasar por North Dormer. El poblado se encuentra en territorio alto y abierto, y carece de la pródiga sombra de los más protegidos pueblos de Nueva Inglaterra. La arboleda de sauces llorones que rodea el estanque de los patos, y las píceas noruegas que se encuentran ante la verja de Hatchard proyectan casi las únicas sombras existentes en la acera que va desde la casa del abogado Royall al punto en que, al otro extremo del poblado, la carretera sube por encima de la iglesia y rodea la negra muralla de abetos americanos que encierra el cementerio.

DEPRESION

De Ventajas de viajar en tren, de Antonio Orejudo, p. 93

Depresión postesquizofrénica


Adinamia o astenia, depresión física y psíquica con debilitación muscular. La paciente presenta un trastorno depresivo aparecido tras un episodio esquizofrénico. Persisten los síntomas de la esquizofrenia catatónica, pero predominan los depresivos: desgana, apatía, abulia y sentimiento de irrealidad o extrañeza respecto al mundo externo o a sí mismo. Distanciamiento respecto al entorno. Disforia. La paciente presenta poca expresividad facial y lentificación de los movimientos espontáneos, disminución de la frecuencia del parpadeo, pocas inflexiones vocales y mirada huidiza. Síntomas de anhedonia, vacío emocional y flexibilidad cérea. Despersonalización.

INCIPIT 267. VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN / ANTONIO OREJUDO

El casamiento engañoso


Imaginemos a una mujer que al volver a casa sorprende a su marido inspeccionando con un palito su propia mierda. Imaginemos que este hombre no regresa jamás de su ensimismamiento, y que ella tiene que internarlo en una clínica para enfermos mentales al norte del país. Nuestro libro comienza a la mañana siguiente, cuando esta mujer regresa en tren a su domicilio tras haber finalizado los trámites de ingreso, y el hombre que está sentado a su lado, un hombre joven, de nariz prominente, ojos saltones y alopecia prematura, que viste un traje azul marino y lleva sobre las rodillas una peculiar carpeta de color rojo, se dirige a ella con esta pregunta tan peregrina:

—Le apetece que le cuente mi vida?

Vaya pregunta. Al oírla, nuestra mujer, de aspecto más elegante y distinguido, mayor en edad, aunque menuda en estatura y, como suele decirse en estos casos, de semblante agradable y ojos vivarachos, se queda petrificada.

PENSAR, CLASIFICAR

De Ventajas de viajar en tren de Antonio Orejudo


Aparcó cerca de la biblioteca y halló sin dificultad el acceso a los anaqueles. La signatura DP estaba ubicada en el tercer piso, y allí se encaminó por una escalera interior. Las inmensas estanterías metálicas, repletas de volúmenes, dibujaban estrechos pasadizos desiertos y oscuros por los que de cuando en cuando Helga se tropezaba con algún estudiante. El sistema de catalogación por la CDU no tiene pérdida; en seguida localizó la serie 233 de la signatura DP, y sólo tuvo que seguir el orden alfabético para dar con DP 233.B7.C9. El volumen Cio, el que debía tomar en sus manos quien llegara primero, no estaba. Instintivamente se volvió, pero a su espalda no había nadie. Ni a su derecha. Ni a su izquierda. Se encontraba en medio de un largo pasillo, sola. De pronto se apoderó de ella una angustiosa sensación de opresión; libros delante, libros detrás, libros arriba, libros abajo, y necesitó salir, respirar aire puro. Logró contenerse, no obstante, y esperar. Era posible que Fat hubiera llegado antes que ella, hubiese cogido el volumen y estuviera dando una vuelta por la biblioteca, podía ser estudiante de Stony Brook. Era posible también que el libro hubiera sido tomado en préstamo por otra persona, en cuyo caso Fat llegaría a ese mismo punto a la hora acordada. Pasaban cinco minutos de las cinco de la tarde. Repentinamente Helga Pato tuvo la sensación de estar siendo observada.

INCIPIT 266. CORRESPONDENCIA / JUAN BENET, CARMEN MARTIN GAITE

Madrid, 16 de julio de 1964

Querido Juan Benet:

Mucho tengo que retroceder en el tiempo para recordar dos horas tan buenas como las que pasé ayer en tu casa. Son de esas que almacenan beneficio y lo van desplegando después y a distancia. Por eso hoy me doy más cuenta que ayer de lo bien que me sentaron. No te lo puedes ni figurar.

Adiós.

No dejes de venir algún día para traerme los Ensayos de incertidumbre. Que estés bien, y gracias por todo.

Tu amiga

Carmiña

BENETIANA

De Coorepondencia / Carmen Martín Gaite, Juan Benet, p.51
Para mí el primer problema es el objeto del discurso. Todo lo vago que tú quieras: el carecer de un objeto concreto también es una disposición. También tiene su objeto. Sin duda no es más que un espejismo porque como es obligado decir algo al no proponerse un objeto cualquiera, se eligen todos. Se elige la multitud porque un individuo cualquiera no goza de suficiente atractivo, y eso se debe siempre a una inhibición, a una falta de voluntad, una falta de valor para confesarse a sí mismo el poco deseo que obra en nuestro interior de desarrollar el esfuerzo que necesita la comprensión cabal de un individuo. Kafka, Proust y Faulkner son tres escritores que siempre me han obsesionado. Por muy bien que los conozca siempre me dejan perplejo. Hay un rasgo común a los tres: los tres son capaces de abandonarlo todo —el héroe, la narración, la unidad dramática, las proporciones del todo— por indagar el sentido más cabal y último de una sola palabra. Por una sola conjunción, colocada en un contexto especial, son capaces de consumir páginas y páginas. Eso es en definitiva una postura cuya raíz hay que buscarla en la misma pasión que un día les llevó a escribir. Ésa es la prueba de su honestidad; porque una vez que adquirieron la maestría del estilo, se convencieron que lo importante era su función, más que el objeto del discurso, porque tan válido es una conjunción como un amor contrariado. Hasta pronto. 


Juan

INCIPIT 265. EL AMANTE DE ITALIA / HENRY JAMES

En los últimos y felices días de mayo uno puede decir, sin hacer injusticia a nadie, que el estado de ánimo de cualquier forestiero en Roma es de intensa impaciencia esperando el momento en que todos los demás forestieri hayan abandonado la ciudad. Se puede confesar este sentimiento sin ser juzgado de misántropo. La ciudad ha estado durante los meses de invierno tan completamente en manos de los bárbaros que el apasionado viajero encuentra cada vez más difícil mantener límpida su pasión. El viajero experimenta una atribulada sensación de impresiones pervertidas y adulteradas; el venerable rostro nos desconcierta con su yana impaciencia por verse reflejado en ojos ingleses, americanos, alemanes. No es simplemente el hecho de que uno nunca sea el primero o nunca sea el único en los lugares clásicos o históricos donde uno ha soñado con persuadir al tímido genius loci para que se manifieste con más confianza no es simplemente porque San Pedro, el Vaticano, el Palatino, resuenan siempre con la nota falsa de idiomas sin estilo; es la sensación opresiva de que la ciudad del alma se ha convertido por el momento en una monstruosa mezcla de balneario y tienda de souvenirs cuya vida más apasionada es la de los turistas que regatean sobre falsas tallas y bostezan en palacios y templos. Pero a uno le han hablado de un tiempo feliz cuando esos abusos empiezan a desaparecer, cuando Roma comienza a ser Roma de nuevo y uno puede disfrutar de ella con exclusividad.

11 DE SEPTIEMBRE

Watten.
Un legado
A finales de septiembre recibí, por la venta de los terrenos de Ólling, que después de la muerte de mi tutor se habían repartido por mitad entre mi primo y yo, una suma de dinero bastante importante, que yo mismo no quería utilizar pero que, enseguida, quise dedicar a un buen fin, y de hecho, movido por la lectura de varios escritos de Undt, matemático y jurista, que se ocupaban todos de la situación, en cualquier caso sin salida, de los reclusos recién puestos en libertad, mi decisión de ofrecer en una breve carta a ese hombre, que no sólo con sus escritos, sino también directamente con su intervención personal, se ponía a la disposición de esos parias entre los hombres, siempre y con la mayor abnegación, la suma que me había llegado inesperadamente fue algo lógico. El 11 de septiembre le comuniqué a Undt, que, totalmente entregado a su tarea, se había establecido desde hacía años en el pequeño, insignificante, pero extraordinariamente conveniente para sus fines Gars del Kamp, mi decisión de poner a su disposición millón y medio, y el 13 recibí la siguiente respuesta:

De Relatos de Thomas Bernhard

PRETERITO PERFECTO

JORNADAS LIBERTARIAS INTERNACIONALES 1977

De La generación de la democracia / JL Velásquez, J Memba, p.65
EL AUGE DEL ANARQUISMO
El anarquismo en España procedía de una larga tradición que recuperó sus fueros a mediados de los setenta. No tardó en acoger en su seno a los jóvenes cansados de ser carne de cañón en las filas de la IR, deseosos de liberarse de las ataduras que imponía el modelo leninista de partido y ansiosos porque se tomara un poco en serio el valor de la libertad individual, denostada en igual proporción en la mayoría de las organizaciones que se llamaban revolucionarias. En este sentido, destaca la absoluta incomprensión respecto a cuestiones como la sexualidad, la música, las drogas o simplemente los atuendos juveniles. A los ojos censores de los dirigentes revolucionarios, la libertad individual, o, lo más importante, su ejercicio, representaba un peligro y un ejemplo de contagio ideológico burgués. Escuchar punk-rock anglosajón, en lugar de folclore de las distintas nacionalidades, llevar vaqueros y pelo largo, así como fumar porros o ser homosexual, representaba, para estas organizaciones, el colmo del aburguesamiento y el liberalismo.
Después de la legalización de la CNT se ponen de manifiesto los enfrentamientos entre los dos modos de entender la práctica y la militancia anarquista. Por un lado, existe un sector próximo al anarcosindicalismo más tradicional, partidario de encauzar el movimiento desde los centros de trabajo. Por otro, se encuentra una concepción del anarquismo más abierta, que pretende aglutinar no sólo a los trabajadores, sino también a los estudiantes, a las feministas, a los homosexuales y al resto de los grupos marginales (psiquiatrizados en lucha y presos sociales, por ejemplo). El recelo de los viejos militantes y de los dirigentes sindicales hacia esos grupos era muy fuerte, olvidando que este anarquismo disperso era la mejor baza para una renovación del movimiento no sólo ideológica. Pero, a pesar de las muchas contradicciones que encerraba, el movimiento anarquista se convirtió en refugio de los jóvenes desencantados y todavía atraídos, de alguna manera, por las reivindicaciones radicales y por el discurso de la revolución. El espacio anarquista era un teatro de operaciones donde podía ocurrir lo mejor y lo peor, donde la ausencia de una disciplina rígida era el máximo regalo.
No cabe duda de que si hubo una ideología por la que se decantó mayoritariamente la Generación del 77, ésa fue el anarquismo. Para el poder, los ácratas no eran más que una panda de drogados, y la gente «normal» seguía creyendo que habían dejado de existir después de la guerra Sin embargo, la participación multitudinaria en las jornadas libertarias de aquel verano dio fe del resurgir anarquista que se estaba empezando a detectar desde el agarrotamiento de Puig Antich. La aspiración revolucionaria que conmoviera a Orwell cuarenta años antes se mantenía viva en la Cataluña de 1977 por el impulso de la juventud. En un ambiente sin horarios ni alguaciles, claramente festivo —puesto que la revolución es la auténtica fiesta de los oprimidos—, los jóyenes militantes de la CNT, la organizadora de las jornadas, o de Mujeres Libres, debatieron animada- — mente en el Salón Diana con García Rúa, Cipriano 67 Damiano, López Campillo y algunos otros destaca- dos anarquistas, como Dany Cohn-Bendit. Los miembros irreductibles de la Generacion del 68 se- guían siendo los mentores de sus «hermanos pequeños». Allí se habló de la lucha de los homosexuales, de expansionar la conciencia programada por el sistema de enseñanza obligatorio mediante el uso de alucinógenos, y de la diferencia latente entre ácratas y anarcosindicalistas. También se puso de manifiesto la capacidad del pensamiento ácrata para cuestionar la hegemonía marxista en la izquierda cultural, así como para presentar alternativas concretas al comunismo real en problemas como el que planteaba el Estado o la autogestión. Se habló, por supuesto, de asambleísmo, y se llegaron a apuntar las conexiones existentes entre la ecología, la libertad sexual y la transformación social revolucionaria de signo libertario.

INCIPIT 264. LA MANO INVISIBLE / ISAAC ROSA

Siempre, al llegar, tiene un impulso de saludar. No un saludo teatral, de pararse, juntar los pies y doblar medio cuerpo con una reverencia, aunque el lugar invite a eso o incluso a algo más circense, dar una carrerita de impulso y encadenar varias volteretas con un salto final. Se conformaría con levantar la mano y agitarla en varias direcciones, quizás sonreír, pero no lo hace, qué ridículo, Entra desde la puerta del fondo y recorre treinta metros hasta alcanzar la zona donde están colocados los materiales y herramientas. Aunque ya es su segunda semana, todavía se pone un poco nervioso al llegar. Camina sin niNCaturalidad, con paso ligero, mirando al suelo, las manos en los bolsillos, calculando sus gestos como si se viera desde fuera, qué efecto provocará su andar tímido, mete barriga, levanta un poco la barbilla, le habrán visto o todavía no. Incluso en sus primeros movimientos, al colocarse el casco o coger el cepillo, lo hace con cuidado, evitando hacer ruido, como si así ganase unos minutos de soledad antes de que le vean. Mientras barre los restos del día anterior, la arenilla y las lascas de ladrillo que quedaron por el suelo, mira con disimulo, arrugando los ojos por el deslumbramiento.

MATEMATICA Y LOCURA

De Prisión perpetua, de Piglia, p.135
EXPERIENCIA. Los jóvenes matemáticos, dijo Erika, como los poetas y los ajedrecistas y los músicos, hacen sus grandes obras y sus grandes descubrimientos antes de los veinte años, luego envejecen y son conservados en el museo o se destruyen como una llama que arde un instante y muere. Empezó a dar nombres: Einstein, Gódel, Keats, Capablanca, Mozart, Rimbaud son siempre niños un poco monstruosos y siniestros. Fenómenos de feria. Existe, dijo, una galería de freaks en el universo intelectual. Ellos poseen el genio de la forma y captan con un solo golpe de vista grandes estructuras y las fijan en un punto porque carecen de experiencia. Tienen una capacidad inhumana de concentración porque no tienen pasiones. Son geniales porque son infantiles, es decir, porque son inexpertos. A medida que viven pierden el poder de abstracción. Son vírgenes, son célibes, son animales raros, crecen en condiciones excepcionales, aislados del mundo por el muro de vidrio de la muerte emocional, como peces nadan en el acuario, flotan en un lenguaje abstracto, personal, los signos son el único aire que respiran.

Pronto los cultivarán como a animales raros, en el monasterio de los campus universitarios, alejados del contacto con la vida.
El genio depende de la inexperiencia, dijo Erika y luego encendió un cigarrillo y se rectificó, el genio es la inexperiencia.

NUEVAS IDEAS SOBRE LA HOMINIZACION



De Panóptico, de Menéndez Salmón, p. 105



«A fin de cuentas, ser hombre consiste en interpretar signos olvidados junto a restos de viejas pasiones, en desentrañar inscripciones que otras conciencias abocetaron tras su paso por la tierra, en ser un perito de penas y faltas, del padrón de mentiras, vergüenzas y anhelos que cada débil simio heredó de sus mayores antes de legarlo a la posteridad».

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