Te quiero más que a la salvación de mi alma

Te quiero más que a la salvación de mi alma

INCIPIT 275. UNION ATLANTIC / ADAM HASLETT


Julio de 1988
La segunda noche que pasaron en el puerto de Bahrein, un oficial del estado mayor del almirante decidió que toda la tripulación del Vincennes merecía, como mínimo, un paquete de cigarrillos gratis por cabeza. El gesto fue bien recibido hasta que en la cantina se terminaron, y después en las máquinas expendedoras, dejando a unos cincuenta soldados y a algunos suboficiales con la sensación de que les escatimaban el único reconocimiento recibido por todo lo que habían pasado. Varios de ellos, bastante borrachos, empezaron a congregarse delante del economato, mientras afirmaban que había que abrirlo para que la promesa se cumpliera. Al percatarse de que se enfrentaba a un problema, el oficial se llevó a Vrieger a un lado, le entregó un sobre con algo de dinero y le dijo que un todo- terreno y un conductor lo esperaban en la puerta.
—Esa tienda de Al Budayyai debería estar abierta. Compre lo que pueda. Si hace falta, mentolados. Pero rápido.
—Venga conmigo, Fanning —ordenó Vrieger—. Vamos a dar una vuelta.
—Pero yo ya tengo —protestó Doug, enseñando un paquete de Carlton medio lleno.
Tres o cuatro cervezas le habían producido un efecto sedante ylo habían dejado sentado en un banco al lado del comedor de oficiales; sólo deseaba descansar.
—Esto no va con usted.
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NABOKOVIANA

De Ultimas sesiones con Marilyn, de Michel Schneider, p.74-75
- Después de la entrevista, Marilyn le dio las gracias a Belmont y le dijo que estaba contenta de haber podido hablar y que, en general, siempre le aterraba tener que responder a los periodistas. Le agradecía haber sido tratada no como una estrella, sino como un ser humano. Esa noche, acudió a una fiesta en Beverly HilIs que ofrecía Irving Lazar, influyente agente literario de Hollywood. Se cruzó con Greenson y su esposa, que la saludaron afectuosamente. Luego reconoció los rostros de John Huston y David O, Selznick, y habló largo y tendido con un desconocido de unos sesenta años que acababa de instalarse en Hollywood, concretamente en Brentwood Heights. El hombre le habló de sus alegrías californianas. Ir hacia el noroeste, más allá del valle de San Fernando, caminar por las colinas verdiazules cubiertas de jacarandas que encuadran el desierto de Mojave mientras buscaba esas especies raras con las que completar su libro sobre los lepidópteros de California. Surcar las autopistas de Los Angeles en su Ford Impala y deambular por los supermercados: «Sobre todo de noche, por los neones», añadió. También le dijo que había escrito una novela, titulada Lolita, que Stanley Kubrick iba a llevar al cine para la Universal. Viadimir Nabokov intentaba adaptarse a las exigencias de un guión.
¿Y usted a qué se dedica? —le preguntó a la rubia que bebía Una copa tras otra para reunir el valor de hablar o de callarse hasta el final de la vejada
-I am in Pictures —repuso ella. Lo cual quiere decir «Salgo en películas» pero también «Estor en las imágenes»,
Yo también —respondió el hombre con malicia—, pero sólo soy un doble.
Unas semanas después, en El multimillonario Marilyn le impuso a Cukor que, antes de cantar My Heart Belongs to Daddy tendría que decir: “Me llamo Lolita y no me dejan jugar con los chicos”

INCIPIT 274. SNUFF / CHUCK PALAHNIUK


El señor 600 .
Hay un tipo que lleva toda la tarde junto al buffet sin más ropa que unos calzoncillos largos, lamiendo el polvillo naranja de las patatas fritas a la barbacoa. A su lado hay otro tipo que se dedica a mojar una patata en la salsa de cebolla y a lamer la salsa de la patata. La misma patata empapada, mojándola una y otra vez. La gente tiene un millón de maneras de mear en lo que ellos aseguran que es su casa.
En materia de catering, estamos hablando de dos mesas plegables atiborradas de bolsas abiertas de nachos de supermercado y latas de refrescos. Y todo el tiempo van llamando a los tipos para que entren a hacer su parte: la coordinadora anuncia sus números y esos actores se dirigen tranquilamente a correr— se ante la cámara sin dejar de masticar palomitas al caramelo, con los dedos escociéndoles por la sal al ajo y pegajosos del glaseado de los bollos al jarabe de arce.
Para algunos tipos es la primera vez que hacen esto, y han venido solo para poder decir que estuvieron aquí. Los veteranos estamos aquí para dejarnos ver y también para hacerle un favor a Cassie. Ayudarla con una polla más para que alcance su récord mundial. Para ser testigos de la historia.
En el buffet han colocado tupperwares llenos de condones al lado de tupperwares llenos de minipretzels. Chocolatinas en miniatura. Cacahuetes asados con miel. En el suelo, envoltorios de plástico de chocolatinas y de condones, abiertos a
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DE LA SERIEDAD

Del prólogo de Vila-Matas a La hechizada de JA Barbey d’Aurevilly
Yo aquí veo que la levedad y el humorismo se entrelazan estrechamente en el mundo de Barbey y que por desgracia muchas de sus palabras -“La gravedad de su época, que a menudo le hace sonreír”- no han perdido la menor vigencia si de España se trata, pues me parece que, de entre todas las propuestas de Calvino, la de la levedad ha sido, de largo, la menos aceptada entre nosotros. Tal vez porque nuestra radical gravedad y seriedad la rechaza. Y sin embargo el Quijote, el menos celtibérico de nuestros libros, es puro juego de cabo a rabo. Pero si se exceptúa el más excepcional de nuestros libros, ¿qué más podemos oponer a la sustancial gravedad de nuestra apelmazada cultura? Torrente Ballester, que es el único escritor de su generación que se ha ocupado del libro de Calvino —los demás no se asoman, ni por casualidad, al próximo milenio—, se preguntaba no hace mucho si esa preferencia tan española por la gravedad obedece a una elección o a una limitación. Yo más bien diría que a lo segundo. Es muy posible que se trate de un grave defecto nacional. Me hace pensar en aquella máxima de Rochefoucauld que cita Laurence Sterne en su cervantino Tristram Shandy: “La seriedad es un continente misteriooso del cuerpo que sirve para ocultar los defectos de la mente”.

OTRA BIBLIOTECA DE BABEL

De Subterráneos, de Vicente Luis Mora, p.118-119
Ningún programa puede examinar la Biblioteca más rápidamente de lo que ésta crece. Incluso para fijar un mapa del crecimiento los estándares irían al límite de su capacidad. Comienzan a temerse preocupantes consecuencias de esta estructura, si cabe la palabra. Según se cuenta en navegadores desfasados, la biblioteca habría sido creada por el Gran Programador, sobre elementos vegetales, sin pensar que, al reproducir sistemas tomados de una naturaleza anterior y distinta, sus leyes podrían aparecer también tan rígida como naturalmente. De ahí su tendencia a multiplicarse sin discriminación, a la terca supervivencia, a la belleza. Los botánicos bibliotecarios (no confundir con los bibliotecarios botánicos) comienzan a temer que su crecimiento es incontrolado y que el mayor peligro —no sé si confirmarlo es mi misión— no es su dispersión infinita sino el desconocimiento de las leyes o modelos que conforman su elefantiasis.
Por ello, la deriva en el sistema puede desembocar en caminos sin retorno, y ha de estarse siempre alerta. Una decisión errónea puede ser fatal, y condenar a regiones circulares o periféricas, de la que sólo se puede salir esperando que la Biblioteca decida (o decida el Programador) crecer por aquella parte y optimizarla. Hay también regiones que nadie conoce, y otras en las que extraños nódulos titilan en silencio y en la más profunda de las penumbras, Cualquiera está en peligro de extraviarse. Nuestro camino es binario, ceros y unos, unos y ceros, y nunca sabemos cuándo, exactamente, vamos a ponernos en funcionamiento, cuándo se nos designará para actuar en un concreto sentido o dirección, o para seguir latiendo, en mi caso, sin más, en el flujo continuo de energía. Nuestro camino es binario, Unos y ceros. Ser o no ser. Uno, y eres, Cero, no eres: esperas.
No faltan disensiones, grietas, fracturas, en este mundo tan perfecto en apariencia. Están los Brocs. Son bits o programas que olvidaron quiénes fueron, y destruyen programas por puro rencor. No puede reconocérselos a simple vista. Viajan y se comportan como los demás, hasta que inesperadamente revelan, en cualquier parte y sin previo aviso, su auténtica y feroz apariencia. Viejas leyendas dicen que un día gozaron del favor de los Programadores, pero que se creyeron tan puros y perfectos, que éstos les condenaron a vagar sin más finalidad que la destrucción. Como nosotros, no pueden morir. A ellos parece afectarles esa idea.

INCIPIT 273. EL FONDO COXON / HENRY JAMES




«¡No se lo van a quitar de encima en su vida!», me dije esa noche de regreso a la estación, pero más tarde, mientras estaba solo en mi compartimento (desde Wimbledon hasta Waterloo, antes de que llegaran los gloriosos ferrocarriles metropolitanos), rectifiqué dicha afirmación, pues se me ocurrió que probablemente no complacería a mis amigos disfrutar de un monopolio sobre el señor Saltram. No pretendo decir que en aquel primer encuentro me hiciera una idea cabal de su persona, pero sí creí vislumbrar qué cargas comportaba el privilegio de su amistad. Desde luego, conocerlo constituyó toda una experiencia, y quizá eso me llevó a pensar que todos, más tarde o más temprano, tendríamos el honor de disfrutar abundantemente de su trato. Aparte de la impresión que me causó su personalidad, salí de allí con una idea muy clara de la paciencia de los Mulville, El invitado iba a quedarse durante todo el invierno. Adelaide lo dejó caer con tono distraído, restándole gravedad al inevitable énfasis,
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SHOPPING

De Blanco nocturno, de Ricardo Piglia, p. 197
Un poco de historia. En 1956 se construyó el primer gran centro comercial techado y climatizado, el Southdale Shopping Center, cerca de Minneapolis (Estados Unidos). El Gran Centro Comercial consiste en un pasillo central (“mall”) y un almacén ancla que se ubica en el extremo de la galería. El centro ofrece todo “bajo techo” y permite hacer compras independientemente del clima o de los problemas de estacionamiento, y propone así concentrar a los clientes en un solo lugar climatizado con varios puestos de venta de productos y marcas distintas. Estos centros se convierten además en lugares de esparcimiento y de paseo para toda la familia. El proyecto a realizar en nuestra ciudad ya fue presentado al interventor militar y sería e1 primero a realizarse en la Argentina» (El Pregón, 2 de agosto de 1971).

MUERTE Y LITERATURA

De Subterráneos, de Vicente Luis Mora, p.96-97
-,Cómo lo ha sabido?
-Me llamo Bartolo Gasperia. Soy crítico literario.
Me lo quedé mirando, como interrogándole y qué más? Respondió.
-Crítico de los de verdad, de los que les gusta leer, un especialista, alguien que disfruta y que se documenta en todas partes. La arquitectura, como el resto del arte, me interesa. Una vez me llegó del periódico un ejemplar de la revista, para reseñar, y me gustó, Me suscribí, y desde entonces. Yo le conocía por lo de Maximiliano Pardo, estuvo usted brillante en ese caso,
-Gracias,
-… y, se lo diré, antes incluso de leer el artículo había pensado en usted, porque el que le voy a plantear es similar.,.
-Dios mío.
-Bueno, parecido, no se preocupe, pero me decidí cuando leí el artículo. Usted sabe de arquitectura, y lee libros actuales. Es mi hombre, porque seguramente conoce la literatura situacionista.
Sí, la conocía. ‘Todo arquitecto (y, sobre todo, cualquier lector de Astrágalo), la conoce, Fundada en Francia en torno a los sesenta, la Internacional Situacionista surgió como un movimiento de pensamiento aglutinado en torno a una publicación periódica y
a sus dos figuras, Debord y Vaneighem; un movimiento que tuvo y sigue teniendo cierta relevancia. Partiendo del marxismo, establecieron doctrinas bastante radicales sobre la sociedad, la cultura, la manipulación de masas y el arte, algunas de cuyas tesis eran lindantes con la arquitectura.
—Así es, la conozco.
De acuerdo. Pues entonces, no me demoraré más.
Apoyó la cabeza en el brazo de un sillón y desde ese momento, hablando claro, sereno, rápido y para nadie, me recordó realmente a los profesores de universidad.
El asunto es fácil. No es criminal, pero sí, en cierta medida, detectivesco. No lo investigaría como un caso perteneciente a la Policía Nacional, ni mucho menos, Acaso, de Patrimonio Nacional.
Dejó un eficaz y largo silencio de énfasis.
—Señor Guerra, su colaboración en este caso, si le llamamos así, será voluntaria; y gratuita, desde luego, también lo es para mí. Aludo a su vocación de intelectual. A usted le gusta leer, y yo le ofrezco descubrir un texto, que está escondido, O no. No me estoy explicando. Lo que ocurre es que quiero que entienda primero los términos. No hay dinero, no hay criminales, no hay muertes, es sólo literatura. Esto, en fin, lo más importante.

INCIPIT 272. SUITES IMPERIALES / BE ELLIS


Habían hecho una película sobre nosotros. La película estaba basada en un libro escrito por alguien que conocíamos. El libro tenía un argumento muy sencillo que narraba cuatro se manas en la ciudad donde crecimos y era en su mayor parte una descripción fiel. Lo habían catalogado de ficción pero solo habían modificado unos pocos detalles, no habían cambiado nuestros nombres y no había nada en él que no hubiera sucedido. Por ejemplo, era cierto que una tarde de enero habían proyectado una película snuff una de esas grabaciones sádicas de violencia en directo en una habitación de Malibú, y que yo salí a la terraza con vistas al Pacífico donde el autor trató de consolarme asegurándome que los gritos de los niños torturados eran fingidos, pero sonrió mientras lo decía tuve que volverle la espalda. Otros ejemplos: era cierto que mi novia había atropellado un coyote en los cañones más abajo de Mulholland. y una cena de Nochebuena en el Chasen’s con mi familia de la que me había quejado al autor estaba fielmente descrita. Y una niña de doce años había sido realmente sometida a una violación en grupo; yo estuve en esa habitación de Hollywood Oeste con el escritor, quien en el libro registra solo una vaga resistencia por mí parte y no logra describir con exactitud lo que sentí realmente aquella noche: el deseo, el shock, el miedo que me producía él, un chico rubio marginado que se había medio enamorado de la chica con la que yo salía. Pero el escritor nunca la correspondería porque estaba demasiado absorto en su propia pasividad para crear el vínculo que ella necesitaba, por lo que ella acudió a mí, pero para entonces ya era demasiado tarde, y como al escritor le molestó que acudiera a mí, me convertí en el narrador atractivo
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INCIPIT 271. BROOKLYN / COLM TOIBIN


Sentada junto a la ventana en el salón del piso superior de su casa, en Friary Street, Eilis Lacey vio a su hermana Rose volver del trabajo con paso enérgico. La observó mientras cruzaba la calle, del sol a la sombra, con el nuevo bolso de piel que se había comprado en las rebajas de Clery’s, en Dublín. Llevaba una rebeca color crema sobre los hombros. Los palos de golf estaban en la entrada; en pocos minutos, Eilis lo sabía, alguien iría a buscarla y Rose no volvería hasta que aquella tarde de verano se hubiera apagado.
Las clases de contabilidad de Eilis casi habían finalizado; en el regazo tenía un manual de sistemas contables y en la mesa que estaba tras ella había un libro mayor en el que había introducido, en las columnas de debe y haber, como parte de sus deberes, las operaciones diarias de una empresa de la que había anotado todos los datos la semana anterior en la escuela de formación profesional.
En cuanto oyó abrirse la puerta principal, fue al piso de abajo. Rose, en la entrada, sostenía su espejito de bolsillo y se observaba atentamente mientras se aplicaba pintalabios y maquillaje
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CRISIS

De El mundo de ayer, de Stefen Zweig, p. 396
Los cordones de zapato costaban más que antes un par de zapatos, no, qué digo, más que una zapatería de lujo con dos mil pares de zapatos; reparar una ventana rota costaba más que antes toda la casa; un libro, más que antes una imprenta con todas sus máquinas. Con cien dólares se podían comprar hileras de casas de seis pisos en la Kurfürstendamm; las fábricas no costaban más, al cambio del momento, que antes una carretilla. Unos adolescentes que habían encontrado una caja de jabón olvidada en el puerto se pasearon durante meses en automóvil y vivieron como reyes con sólo vender cada día una pastilla, mientras que sus padres, antes gente rica, andaban por las calles pidiendo limosna. Había repartidores que fundaban bancos y especulaban con todas las monedas extranjeras. Por encima de todos sobresalía la figura gigantesca del más grande de los aprovechados: Stinnes. A base de ampliar su crédito beneficiándose de la caída del marco, compraba todo cuanto se podía comprar: minas de carbón y barcos, fábricas y paquetes de acciones, castillos y fincas rústicas, y todo ello, en realidad, con nada, pues cada importe, cada deuda, se convertía en cero, Pronto fue suya la cuarta parte de Alemania y el pueblo alemán, que siempre se embriaga con el éxito ostentoso, perversamente lo aclamó como genio. Miles de parados deambulaban ociosos por las calles y levantaban el puño contra los estraperlistas y los extranjeros en sus automóviles de lujo que compraban una calle entera como si fuera una caja de cerillas; todo aquel que sabía leer y escribir traficaba, especulaba y ganaba dinero, a pesar de la sensación secreta de que todos se engañaban y eran engañados por una mano oculta que con premeditación ponía en escena aquel caos con el fin de liberar al Estado de sus deberes y obligaciones. Creo conocer bastan bien la historia, pero, que yo sepa, nunca se había producido una época de locura de proporciones tan enormes. Se habían alterado todos los valores, y no sólo los materiales; la gente se mofaba de los decretos del Estado, no respetaba la ética ni la moral, Berlín se convirtió en la Babel del mundo.

AMOR Y TEMBLOR

De Blanco nocturno, de Ricardo Piglia, p. 133
—La ética es como el amor —dijo Renzi—, Se vive en presente, las consecuencias no importan. Si uno piensa en el pasado es porque ya perdió la pasión.
—Tenés que escribir estas grandes verdades nocturnas.
—Claro —dijo Renzi—. El sacrificio más grande es acatar la segunda ética (1)
—,Segunda ética? Demasiado para mí... Disculpen, señores periodistas, pero se me hace tarde,.,
—dijo Cueto, y empezó a levantarse,
(1). En relación con el crimen político, G. Lukács, en sus notas para un libro sobre Dostoievski (1916), cita a Bakunin:
El asesinato no está permitido, es una culpa absoluta e imperdonable; ciertamente no puede, pero debe ser ejecutado. Como el heroe trágico, el auténtico revolucionario afronta el mal y acepta sus consecuencias. Sólo el crimen realizado por el hombre que sabe firmemente y fuera de toda duda que el asesinato no puede ser aprobado bajo ninguna circunstancia, es de naturaleza moral. De ese modo Lukács distingue entre la primera ética —o ética kantiana-, que delimita los deberes según las necesidades inmediatas de la sociedad, y la segunda ética, centrada en la trascendencia. Y Lukács cita Temor y temblor, de Kierkegaard:
El contacto directo con la trascendencia en la vida lleva al crimen, a la locura y al absurdo (nota de Renzi).

INCIPIT 270. INTRUSOS Y HUESPEDES / LUIS MAGRINYA


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[Día 1] Bueno, ya está aquí. Ya ha llegado, ya ha deshecho el equipaje. Ya hemos cenado juntos. Le he estado observando, más que acompañando, creo, porque no nos hemos dicho mucho. No sé si él me habrá observado a mí, espero que no. Parece tan cauto y en guardia como yo. Pero tampoco ha sido violento. De todos modos, esto no va a ser fácil.
Han pasado por lo menos dos años desde la última vez, y desde luego ha crecido y ha cambiado; pero no podría decir qué ha ocurrido desde la última foto, la que me dio su madre hace un par de meses y que hasta hoy tenía aquí, en un marco de madera, sobre esta mesa en la que ahora estoy escribiendo, Sin embargo, esta mañana algo, no sé qué, me ha impulsado a llevarla a su cuarto y a ponerla allí, en un estante de la librería, entre libros demasiado infantiles, me parece, y al lado de una figura de Darth Vader cuyo recuerdo me ha sorprendido. No es una habitación que frecuente mucho en mis paseos por la casa. No sé, supongo que he pensado que una foto suya daría un poco de calor a una habitación que, por mucho que Gladys y yo nos hayamos empeñado estos últimos días, sigue conservando cierto aire de abandono. Ahora no sé si he hecho bien. Él se ha extrañado
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LOS HIJOS

De Intrusos y huéspedes, de Luis Magrinyá, p. 124
Ya se sabe lo guapos que están los niños mientras duermen, pero esta célebre observación no es expresión de un alivio trivial, sino de una fatal melancolía Es sólo una fórmula invertida para expresar lo poco guapos que están cuando están despiertos, es decir, para expresar el deseo de que, en efecto, no estén despiertos. Yo añoro a Andrés porque no está; si estuviera seguramente preferiría que no estuviera (eso es lo que prefería cuando estaba aquí). Los hijos tienen mucha suerte de estar dormidos o de no estar de vez en cuando; así se les quiere más. La añoranza es real; el deseo de que se ausenten, de deshacernos de ellos, también.

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